sábado, junio 21, 2008

La boda de Sara

La nueva boda de Sara Montiel, mi querida Antoñísima, la Liz Taylor española, al menos en cuestión de maridos, a mí me alegra mucho por ella, que hasta le he puesto un telegrama, pero además me lleva o me trae a decir lo que creo: que Sara es tan representativa de España, de nuestra España, de la España españísima, como Lola Flores, esa otra amiga intemporal, maga y emblemática.
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Lo cual que las bodas de Sara son como las bodas políticas de España en nuestro tiempo. Primero, ella se casó con un norteamericano, Anthony Man, como cuando todos los españoles nos casamos con Eisenhower, en el 59, que vino el héroe de Normandía a que Franco le pegase el abrazo de la muerte, en Barajas, noviembre y con lluvia. Ya se lo había dicho el Caudillo a su primo, Franco Salgado, cuando Eisenhower salió presidente: «Al fin y al cabo es un militar; nos entenderemos». Y se entendieron. Sara nos lo había dicho a los amigos, hablando de su primer marido: «Al fin y al cabo es un director de cine; nos entenderemos».
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Luego viene un mal hombre del que ni ella ni yo queremos acordarnos y después el exquisito Pepe Tous, un caballero de la empresa, un empresario. O sea, como cuando Felipe González se casa con Cuevas para parar la huelga general de cada trienio, que las huelgas generales de los socialistas contra los socialistas vienen ya en el Calendario Zaragozano de don Mariano Castillo de Ocsiero, con los eclipses de luna y las heladas.
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Las huelgas generales debieran venir en las agendas y los calendarios en números rojos, para que sepamos que es puente. Finalmente, la Antoñísima se nos casa con Giancarlo, un viejo amor, más joven que ella, como Felipe se ha casado con Aznarín, también un niño a su lado. Como a uno le cansa ya la historia de España, de tanto sabérsela, prefiero la historia de la Antonia, que viene a ser muy parecida. O sea que España se casa con cualquiera, el caso es no estar sola, y primero nos casamos con Marx, luego con Reagan, en el Palacio de Oriente, luego con el socialista Willy Brandt, o antes, traicionándole, después de muerto, con el democristiano Kohl. También tuvimos un lío, apaño o ligue con el socialista Palme, el de la hucha, pero nos le mataron y la cosa no pudo llegar a más. Un día nos casamos con Fidel Castro o con Daniel Ortega, siempre con la guerrilla, y al otro día nos casamos con Salinas de Gortari, contra la guerrilla. ¿Cuál es la política matrimonial de este país, si es que coños puede saberse?
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Lo cual que España, como Saritísima, España, mujer al fin, viene haciendo una vida sentimental regida por la improvisación, el flechazo, la circunstancia, la conveniencia, el flirt, el tonteo, el ligue, el lío y el desmadre. En Sara se comprende, porque es hembraza, pero en Felipe González no se comprende esta versatilidad de ingle que un día nos emparenta con la OTAN y al otro con Maastricht, y en este plan. FG no está demostrando una sensibilidad de juicio muy diferente ni superior a Sara Montiel, en cuestión de alianzas. Se deja llevar y traer por el repente pasional, como una mujerona.
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Una política de repentes está bien para la vida sentimental de una estrella, pero no es seria ni conveniente para un gran político y un viejo país. Conozco mucho a la Antoñísima y todavía no sé cuál es su tipo de hombre. Conozco algo a González y todavía no sé cuál es su tipo de política internacional. Nuestro presidente es voluble como una vedette. Le pierde su versatilidad y su encanto, como a Sara esos ojazos. Enhorabuena, cachonda mía.
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Publicado en Los placeres y los días ("El Mundo", 22 de enero de 1994)

1 comentarios:

Ángel Gasóleo dijo...

Hola, encantado con tu página. Todo un gusto este esfuerzo por recoger material del maestro.
Gracias