tag:blogger.com,1999:blog-280604652012-02-12T01:47:17.739+01:00Francisco UmbralJorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.comBlogger125125tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-8693228768925905412011-09-07T13:21:00.001+02:002011-09-07T13:23:29.494+02:00Siguen las adulteraciones<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-8Zf95yX6lJg/TmdT0EJ-a3I/AAAAAAAACnA/nx7jXyFLexw/s1600/11.jpg"><img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 172px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-8Zf95yX6lJg/TmdT0EJ-a3I/AAAAAAAACnA/nx7jXyFLexw/s320/11.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5649576411493460850" border="0" /></a><br /><div style="text-align: center;">Pulsar sobre la imagen para agrandar y leer<br />Publicado en el Num. 93 de "Hermano Lobo" (16 de febrero de 1974)<br /></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-869322876892590541?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-53474413903964533062009-12-26T15:46:00.002+01:002009-12-26T15:48:48.053+01:00El week-end<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_La1atbsbLbo/SzYiMDrl-7I/AAAAAAAACWo/Nwxsja7M-OA/s1600-h/week.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 283px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_La1atbsbLbo/SzYiMDrl-7I/AAAAAAAACWo/Nwxsja7M-OA/s320/week.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5419556792128895922" border="0" /></a><br /><div style="text-align: center;">Pulsar sobre la imagen para agrandar y leer<br />Publicado en el Num. 164 de "Hermano Lobo" (28 de junio de 1975)<br /><br /></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-5347441390396453306?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com3tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-35833956659984819632009-10-23T07:09:00.002+02:002009-10-23T07:12:12.993+02:00De Clemente, Felipe, Pedro del Hierro y Astrid Muñoz<div align="justify"><span style="color:#ffffff;">. </span><br /><strong>Lunes, 7</strong></div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span><br />“España de los inquisidores, que padecieron el destino de ser verdugos y hubieran podido ser mártires” (Borges).<br /><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify"><strong>Miércoles, 9</strong><br /><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">En 1921, Ramón Gómez de la Serna tiene la idea de visitar el Museo del Prado a oscuras, o sea de noche, alumbrándose con un farol o cosa así, que le permite descubrir tajadas de algún veneciano, jamones de luz de las jamonas, modernidades de Goya y Velázquez que no se ven bien a la luz habitual del Museo, etc., para luego escribir un reportaje sobre todo ello. Ramón le explica este proyecto a Beruete, entonces director del Museo, y lo llevan a cabo. Ramón, efectivamente, vive una aventura estética muy original y escribe contándola. Luego la pasa a sus memorias, Automoribundia, con párrafos así: «Entramos en la sala del Greco, a la que iluminan de algún modo los cirios de sus cuadros. El farol parece que los ha incendiado, y se mueven en sus lienzos las llamas amarillas de la inspiración». Capítulo 45 de Automoribundia. Como explicamos aquí la semana pasada, ahora hay un señor que escribe en los periódicos y quiere repetir la hazaña, pero ocultando sañudamente que la idea es ramoniana y ya se llevó a cabo en 1921. De modo que lo que nos propone es un plagio. Plagio que no tendría mayor gravedad, pasado tanto tiempo, si el interesado no se obstinase en ocultar el origen de su idea, que no es suya. Y es que a este señor sin ningún destello le tienta destellar a costa de los demás. Como su prosa suele estar hecha de un solo ismo, el mimetismo, no le conviene desvelar sus fuentes en este asunto, pues sin duda se propone plagiar también la escritura de RGS. Cuando denuncié este banal asunto se me respondió con insultos que habría aceptado con indiferencia si hubieran tenido alguna calidad literaria, como es obligado en el arte de insultar, pero este señor no domina ese arte. Tampoco ése. No hago aquí y ahora crítica literaria ni polémica infantil, en la que no pienso entrar. Me limito a hacer constar un hecho, como Guillermo, y a denunciar un plagio estético y por lo tanto leve y sin culpa, salvo la triste y letárgica condición del personaje. Pero la plasta no es delito. Cualquier añadido a estos datos, por mi parte, sería de una generosidad impropia de mí, o sea que se convertiría en publicidad del tal señor, si a ello llega. Y yo la publicidad la cobro aparte. (Naturalmente, del hecho concreto que yo trataba y trato con datos, el tío ni palabra). </div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.<br /></span><strong>Viernes, 11</strong><br /><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">La obstinación de Clemente, el cerrilismo de Clemente, la obstinación de Felipe González, el cerrilismo de Felipe González, la obstinación de España, el cerrilismo de España. Todo eso lo glosa Borges en los versos suyos que he citado el lunes. Siendo Glez. un hombre de mucho talento, siendo Clemente un deportista áspero y corto, sorprende la coincidencia en la cerrazón de ambos. Quiere decirse que hay una manera de ser español que va del político o el intelectual lúcido al deportista terco y brusco. Así le va a la selección española. Así le va a esa otra selección española que es el PSOE. </div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span><br />A Clemente lo echamos la otra tarde. A Felipe lo echaron sus propios hombres del pueblo hace un tiempo, pero él todavía no se ha enterado. Quizás Glez. se equivocó al elegir su gente. Quizás Clemente se equivocó al elegir su gente. Clemente ha demostrado que es un mal político. Felipe ha demostrado que no sabe perder. Ambos resuelven su problema íntimo, el problema que tienen con su ego, insultando a los periodistas, que para eso estamos. El insulto también es información y hay que recogerlo. Tanto Clemente como Felipe viven pegados a su ego, no establecen esa autodistancia que es la ironía. No se despegan ni un milímetro/minuto de sí mismos. El español dejó de llevar coraza por fuera, pero sigue con el alma acorazada, blindada. Abroquelada de brillantes sinrazones.<br /><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify"><strong>Sábado, 12</strong></div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span><br />El otro día estuve en el programa de Alvaro Luis con varios modistos de la Pasarela Cibeles, ya que ése era el tema. Tuve una viva conversación con Pedro del Hierro. Mi teoría es que los modistos actuales, españoles y extranjeros, sólo aportan dos novedades: suprimir el sujetador y alumbrar el ombligo de las señoritas. </div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.<br /></span>Las dos novedades me gustan mucho y las gloso asimismo en Paris/Match. A Pedro del Hierro le pareció que yo le criticaba por eso, y es que Pedro, inteligente e inspirado creador, es también el monólogo incesante y no sabe escuchar. Pero quedamos amigos. En cuanto a otras novedades de Cibeles, Hanníbal Laguna ha devuelto la cintura de la mujer a su sitio, un hallazgo como de Galileo para recordarnos que todo el encanto y música de ella gira en su cintura. Estos hallazgos sencillos son los más difíciles. Victorio &amp; Lucchino presentan muchas cosas, pero lo que se impone es la presencia hembra de Astrid Muñoz, princesa primitiva, esbeltísima ancla de las clavículas, ombligo mal anudado (me flipan) y tanga que se moja en la espuma aciaga de unas ingles fuertes, profundas y pobladas. Me gusta cuando a un modisto se le va la mano o se la va la modelo y se ve más la chica que el vestido, más la mirada que la ropa, más el cuerpo vivo que el alma industrial. Astrid es mucha mujer para mucha viagra. </div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.<br /></span>Roberto Torretta nos hace comprender que el seno transparente y escapadizo tiene más lirismo que el desparrame.<br /><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">Y, en general, una tendencia a la chica/chico que nunca agota su encanto efébico. Las transparencias se adensan y las joyas se desechan definitivamente, ni falta que hacían.<br /><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">Cuando todo esto pasa al pret-a-porter y luego a la modista de Manoteras, de la inspiración ya no queda nada, pero la chica de Manoteras le meterá su propia marcha off/off Cibeles y amaremos ya otro modelo, otra mujer, otra inspiración, quizá no tan cara, pero de sabor más fuerte, con ese amor por el Sur (la pobreza siempre es Sur) que tanto cantó Borges, que tanto he cantado yo, que tanto canta en mí. El pueblo tiene sus luminosos arrabales y todos vienen a dar a mi arrabal de senectud.<br /><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">O algo así.<br /></div><div align="justify"> </div><div align="right">Publicado en "El Mundo”, <em>Diario con guantes</em> (13 septiembre 1998) </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-3583395665998481963?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-85295511131378307292009-09-02T17:22:00.002+02:002009-09-02T17:25:00.522+02:00De poetisas, príncipes, apeles y Paula Pattier<div align="justify"><strong><span style="color:#ffffff;">.</span></strong></div><div align="justify"><strong>Lunes 14</strong></div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.<br /></span>EL día 9 se celebró en Barcelona un gran homenaje del Círculo de Lectores, y de las letras españolas, a Hans Meinke, el hombre que durante muchos años ha sabido entender a los escritores de este país, soportarlos -soportarnos, que no es fácil- y contribuir a la difusión, calidad y cantidad del libro como objeto de cultura. Meinke, 60 años, deja su alto puesto para ocupar otros equivalentes. Digamos que Meinke ha sabido entender a esta rara especie levantisca del escritor español mejor que algunos editores nacionales. Su gentileza, instinto literario y buen gusto lo hemos disfrutado todos y espero que lo sigamos disfrutando. Meinke se ha atrevido con proyectos tan monumentales como las obras completas de García Lorca (Miguel García-Posada) o de Gómez de la Serna (Ioana Zlotescu). Y me parece que ahora van con Baroja y otros. Afortunadamente, Meinke se queda en España, de momento, de modo que esto no es una despedida al amigo, sino eso: un abrazo.<br /><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">La Residencia de Estudiantes, y el avizor José García-Velasco, han rendido homenaje a Ernestina de Champourcin, viuda de Domenchina y una de las poquísimas mujeres del 27 (tengo escrito que el 27 fue un poco machista). Sus versos me gustaron mucho en la adolescencia y luego la traté algo en el Gijón, cuando volvió, con su eterno luto del exilio y sus gafas de oro. Tiene muchos años y no escribe, pero está ahí, viva y atenta a todo.<br /><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify"><strong>Martes 15</strong><br /><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">Parece que Carlos de Inglaterra ha sido implicado por rumores de la prensa internacional en negocios publicitarios, concretamente unos baldosines como los de Isabel Preysler, o los mismos. Otras grandezas de la tierra cobran su asistencia a fiestas y saraos. La verdad es que las repúblicas y democracias de Occidente cada día parecen más reacias a mantener con sus impuestos el azul de la sangre de sus nobles, que es un azul carísimo, de modo que ellos y ellas tienen que trabajar en lo que sea, cuando generalmente no saben trabajar en nada, y por lo general se limitan a aportar/alquilar su apellido donde haga falta. Todo esto más los matrimonios, bodas y desbodas de las gentes reales o principescas, muchas veces inadecuados o alborotados, están erosionando el prestigio de unas instituciones medievales que alguien viera como «magisterio de costumbres». Ahora se han pasado a las malas costumbres. Por lo que se refiere a Carlos de Inglaterra, dada la peculiaridad de sus orejas, yo donde más le veo es en la publicidad de sonotones.<br /><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify"><strong>Miércoles 16</strong><br /><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">Fiesta del Carmen. Carmen Prieto-Castro, señora de Tamames, nos invita a una cena ya tradicional en su casa, donde me encuentro a viejos amigos como Barea, Papell, Abel Hernández, Segrelles bis, Alfonso de Salas, Raúl Heras y en este plan. Raúl del Pozo me dice que ya ha mandado al editor su nueva novela. La conversación general o particular es sobre la semana trágica que hemos vivido. Como decía Voltaire, todo el mundo gobierna siempre, o sea que todo el mundo explica lo que haría él para arreglar esto. Pero se limitan a explicarlo en las cenas. Las grandes soluciones nunca pasan del postre. Al pueblo no le llega nada. Raúl del Pozo no tiene solución, pero sí una versión inédita y suya de la gran mani, que me deja un poco perplejo. Luego, en este papel, lo ha explicado mejor. Todos somos mejores escribiendo. Los que somos, claro. Raúl, como yo, necesita escribir para pensar. También le pasaba a Ortega. Ramón me regala un puro para el jardinero.<br /><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify"><strong>Jueves 17<br /></strong><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">No sé si se acuerdan ustedes de Paula Pattier, aquella estrella singular en la constelación de los setenta, la transición y el destape. Paula pegó muy fuerte y luego desapareció. Me dice por teléfono que primero estaba desconcertada con las buenas críticas y luego hastiada con las malas. Este país es así, Paula, amor. Como dice Cela, el que resiste, gana. Todo es cuestión de insistencia. Hemos concertado varias citas, todas fallidas por mi culpa, porque quiere que le firme mis libros -algunos-; la última vez me citó el día de la mani, y claro, ya me dirán, imposible, la dejé con la cena puesta, perdona, amor. Entre tú y yo se interpone la Historia. Paula vive en La Moraleja y no parece añorar pasadas glorias. Lo cual que, entre todo el blablablá polimili, la única persona que me informa de manera científica y clara, seria, es Carmen Gurruchaga, de aquí de EL MUNDO. Es una periodista que trabaja pegada al terreno y una interesante mujer. Y con un par de ovarios para el cirio en que anda metida informativamente. De nada, Carmen.<br /><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify"><strong>Viernes 18<br /></strong><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">Ya tenemos guapo oficial. Enrique Miranda, andaluz de 25, elegido en Alicante Míster España 97. Entre el jurado se encontraban el padre Apeles, Aberasturi y Miss España. Quique se peina cuidadosito, tiene ojos que se ven mucho, sonrisa de anuncio antiguo y una falta de interés característica de lo demasiado perfecto, un fallo que viene ya desde Grecia. Pero el padre Apeles le ha votado y quizá bendecido. Me aterrorizaría gustarle al padre Apeles. En cuanto a mi querido Aberasturi, no lo veo yo metido en esas corazonerías, pero supongo que su elección, su voto y su presencia habrá sido más bien irónica. Un feo inteligente, como Andrés, nunca tiene nada que temer ante un guapo oficial (estas cosas nos las decimos los feos para ir aguantando). La inteligencia se suele negar a que la belleza sea un valor. No sé si es un valor, pero es una fuerza (social e histórica). Bien la quisiera uno para sí.<br /><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify"><strong>Sábado 19</strong><br /><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">John Galiano desnuda a la mujer de Dior. Una belleza de ojos claros y dormidos, de pechos suasorios y estivales (se los han dejado fuera), de ombligo transparente y bien anudado (son más eróticos los mal anudados). Total, unos visillos de entresuelo y unas cadenitas, o sea un modelazo carísimo y sencillísimo. Los modistos han comprendido que con una mujer así sobra la imaginación y la tela. Está tan líricamente diseñada que le sobran todos los diseñadores. También los gobernantes debieran comprender que a algunos pueblos les sobran los políticos. Que a la juventud millonaria de la mani le «sobraba» el discurso de Victoria Prego. Lo que ellos nos dijeron con figuras nadie puede mejorarlo con palabras.<br /><span style="color:#ffffff;">.<br />.</span><br /></div><div align="right">“El Mundo”, <em>Diario con guantes</em> (20 julio 1997)</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-8529551113137830729?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com4tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-49365394400626989252009-08-18T17:36:00.004+02:002009-08-18T17:41:15.624+02:00Descodificación de Ana Belén<div><br /></div><div><a href="http://4.bp.blogspot.com/_La1atbsbLbo/SorKsxHYtyI/AAAAAAAACTQ/wupFCWs0HhY/s1600-h/Num+005+-+01031981+-+Descodificacion+de+Ana+Belen+1.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5371328376040109858" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 244px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_La1atbsbLbo/SorKsxHYtyI/AAAAAAAACTQ/wupFCWs0HhY/s320/Num+005+-+01031981+-+Descodificacion+de+Ana+Belen+1.jpg" border="0" /></a><br /></div><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5371328612197584130" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 244px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_La1atbsbLbo/SorK6g3tzQI/AAAAAAAACTY/MyRXMIeoVME/s320/Num+005+-+01031981+-+Descodificacion+de+Ana+Belen+2.jpg" border="0" /><br /><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5371328833474269970" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 244px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_La1atbsbLbo/SorLHZMMExI/AAAAAAAACTg/UtfcGJLAU6A/s320/Num+005+-+01031981+-+Descodificacion+de+Ana+Belen+3.jpg" border="0" /><br /><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5371329044015526242" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 244px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_La1atbsbLbo/SorLTphIsWI/AAAAAAAACTo/5S1zK9CDvWQ/s320/Num+005+-+01031981+-+Descodificacion+de+Ana+Belen+4.jpg" border="0" /><br /><div align="center">Pinche sobre las cuatro imágenes para agrandar y leer.</div><div align="center">Publicado en la Revista <em>Triunfo</em> (1 de marzo de 1981)</div><div align="center"> </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-4936539440062698925?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-5849746049669983582009-06-28T09:11:00.002+02:002009-06-28T09:13:23.017+02:00Agatha Christie<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_La1atbsbLbo/SkcX_VBhVII/AAAAAAAACSo/mvSjOwa3X9g/s1600-h/agatha.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 207px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_La1atbsbLbo/SkcX_VBhVII/AAAAAAAACSo/mvSjOwa3X9g/s320/agatha.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5352273058895844482" border="0" /></a><br /><div style="text-align: center;">Pinchar sobre la imagen para agrandar y leer<br />Publicado en "Hermano Lobo", Num. 195 (24 de enero de 1976)<br /></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-584974604966998358?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-76979496386926155022009-06-06T06:46:00.002+02:002009-06-06T06:48:27.663+02:00El becerro de oro<div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">Esta sociedad estaba necesitando un becerro de oro y ya lo tiene: el culo. En nuestra adolescencia era elegante no tener culo para que te sentase bien el primer traje (el mío era marrón a rayas). Yo me salvaba, según las vecinas, porque no tenía culo y la chaqueta me caía bien. Te fijabas por las películas, Cary Grant un suponer, y los grandes galanes no tenían culo. Ahora las chais, cronistas o no, sólo van a los toros a mirar el culo de los toreros. </div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span><br />Hasta que, como era fatal, vinimos a dar en el culo de la mujer, que es el becerro de oro de esta sociedad aurificada y transaccional. En nuestro cine, Victoria Abril, sabiendo hacer tantas cosas con la cara, una vez se le ocurrió salir luciendo el culo. Sólo que Victoria, tan vivaz, también se expresaba con la gestualidad del culo, recordándonos aquello que se dijo del citado Cary Grant: que interpretaba con la espalda. El culo no es el espejo de nada. La cara se salva porque es el espejo del alma, pero el culo es materia pura, carne dorada de mujer, un becerro de oro que ni siquiera tiene mirada, pero suele tener mucha cosa aurífera. Villalonga, hombre culón, se merecía una estatua del culo hecha por Fernando Botero en oro purísimo. Al fin habríamos conocido al becerro de oro. </div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span><br />La pura materialidad del culo, la forzosidad espesa de glúteos y nalgas, todo eso nos hace amar el culo de la mujer, pero Carmencita no sé qué y Franco, luciendo un culo transparente en París, nos ha dado la versión culta y erótica de Gaultier, el vestido que deja ver directamente la tripa cular. Para eso querían los guardias de su abuelo que siguiera el franquismo: para que la nieta pudiese pasear por París un culo institucional, que fue becerro de oro de los españoles de los cuarenta. Me lo ha contado Sisita, que estaba allí, y luego lo leo en Carmen Rigalt. Supongo que se refieren al mismo culo, aunque las versiones son diversas. A no ser que la Bordiú tenga culo de quita y pon, como las pelucas de Paloma. </div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span><br />El auge de los culos masculinos, incluso dentro del grupo social que les es propio, se compagina con el desbrague de los culos femeninos, que miro con deleite y erudición. Caídos todos los velos y todos los valores de la Bolsa, cuando Martín Villa y Oriol vuelven a fusionarse o a intentarlo, hemos llegado al final de esta cultura maciza. Lautréamont habló del «pueril revés de las cosas». A veces el revés no es tan pueril. Lo malo del becerro de oro es que no nos enseña el culo, sino la cara, y la cara es eso: un culo franquista o el culo del Juli. </div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span><br />Todas las sociedades monetaristas lucen el becerro de oro debajo de la faldumenta liberal. Algunas tienen un becerro considerable y otras lo tienen estilizado, que me gustan más, pero ahí está el símbolo duro y fecal de una cultura que quiere pervivir en el Tercer Milenio sin aportar nada nuevo, salvo el culto ya descarado de la brutalidad de nuestro humanismo. Porque lo llaman humanismo. A mí me pasa que me gusta el culo como culo pero me avergüenza como símbolo del Becerro. Tras 25 siglos de cultura hemos vuelto a dar en lo mismo que los griegos. Ese culo armonioso que Roma hizo bestial. Me gustan los culos de Urculo, pero uno se ha quedado en el culo/violín velazqueño.<br /><span style="color:#ffffff;">.<br />.</span></div><div align="right">“El Mundo”, <em>Los placeres y los días</em> (22 mayo 2001) </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-7697949638692615502?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-29554192165572977762009-05-16T07:19:00.003+02:002009-05-16T07:20:58.133+02:00Que me hagan algo<div align="center"><a href="http://4.bp.blogspot.com/_La1atbsbLbo/Sg5NIgTpp7I/AAAAAAAACQc/Sn7_c7xe5kE/s1600-h/umbralalgo.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5336287416987264946" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 135px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_La1atbsbLbo/Sg5NIgTpp7I/AAAAAAAACQc/Sn7_c7xe5kE/s320/umbralalgo.jpg" border="0" /></a><br /><br /><br />Pichar sobre la imagen para ampliar y leer<br />Publicado en el nº 98 de "Hermano Lobo" (23 de marzo de 1974)<br /></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-2955419216557297776?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-39484915291542235622009-05-10T07:29:00.002+02:002009-05-10T07:33:06.520+02:00De ombligos, viejos troncos y las muelas de Franco<div align="justify"><br /><strong>Lunes 3</strong><br /><br />La flor inocente de esta primavera es el ombligo femenino. Entre el suéter corto y el vaquero bajo, todas alumbran un ombligo ingenuo, sonriente y adorable. ¿Es intimidad el ombligo, esa puerta tapiada que no conduce a ninguna parte? ¿Por qué ha sido siempre tan secreto el ombligo, y tan incitante, como otros misterios femeninos que tampoco lo son? El ombligo es como una muesca graciosa en la perfección de un vientre y viene a recordarnos que las cosas absolutamente correctas son insoportables. A la de Eboli le faltaba un ojo y a Greta Garbo le sobraba un lunar. El ombligo es una graciosa errata en ese texto impecable que es un cuerpo joven. En los libros demasiado correctos también se agradece una errata, de pronto, como sobresalto, distracción y alivio. Lo cual que me paso las tardes de junio, en una terraza de mi pueblo, mirando pasar ombligos. Los que más me gustan son los casi verticales, que corresponden a un vientre tenso y joven. No me gustan los ombligos en forma de coma, por seguir con la comparación tipográfica. Ni los ombligos con imperdible, de un hippismo viejo y quirúrgico. Va de suyo que el ombligo es flor de juventud, y esto parecen haberlo olvidado algunas maduras, ay. Escribió Alvaro de Laiglesia, cuando la censura, que «todos los ombligos son redondos». Evidentemente, quería decir otra cosa. Ahora que viene el liberalismo post/Keynes a lo bestia, ellas han decidido liberalizar su ombligo.<br /><br /><strong>Martes 4<br /></strong><br />El odontólogo Julio González Iglesias ha escrito un libro titulado <em>Los dientes de Franco</em>, que parece un buen título metafórico, pero es rigorosamente clínico. Franco padecía de los dientes, Franco «echaba las muelas», la época era muy atrasada en odontología y uno podía empezar, terminar y ganar una guerra con dolor de muelas, como Napoleón hizo campañas más importantes con dolor de estómago. Los grandes son rehenes de su cuerpo como nosotros los pequeños, sólo que el dolor de muelas y todo dolor ha sido borrado de nuestra biografía por los médicos y las medicinas. Más vale ser un peatonal con dientes sanos que un César con caries. Las caries pudrían el beso y por esta razón el beso profundo ha venido después: un beso de bocas sanas. En el cine americano de posguerra (y español) los besos son planos, y no sólo por la censura, como creíamos, sino por el asco. Ahora comprende uno que toda la posguerra tuvo un olor a caries que fue el perfume negro o marrón, pestífero, de la calle y la intimidad, del colegio y el amor. Eran las caries de todos o eran las caries de Franco, que andaba con unas muelas podridas de sargento. Aquellas muelas, aquellos dolores dieron clima y malhumor a varias generaciones en derrota. Ni Abella ni Luis Otero ni Vizcaíno hablan de las muelas de Franco, cuando éstas fueron el secreto de su mutismo, su secretismo y su mala leche.<br /><br /><strong>Miércoles 5</strong><br /><br />Un artículo de Manuel Alcántara, un soneto de Salvador Jiménez, unas cartas y llamadas de Penagos. Mis viejos y primeros amigos de Madrid, que reúno ahora en la resaca, cenizas entrañables, de un premio con su polvoranca de buenas gentes con buenas intenciones. Manolo y yo jugábamos a los bolos en una bolera de Fuencarral y con mis primeras bolas le dejé perplejo. Me daba cocacola con whisky y se llenaban sus ojos de un espanto irónico y frío viendo cómo yo me bebía un vaso tras otro, como agua. El era por entonces el discípulo más claro de César. Todos éramos ruanistas. Manolo encontró pronto su propio camino. Salvador me publicaba cuentos en cuanta cosa dirigía. Penagos, en fin. Fueron amigos irónicos y directos, cínicos e invitadores, los primeros camaradas literarios que uno tuvo en aquel Madrid guerracivilista de los sesenta. Todos ellos y otros suponen para mí una entrañabilidad que nunca más he vuelto a encontrar en el duelo literario. Gente más poderosa y conveniente, sí. Amigos con tanta fe en lo de uno, cuando ni siquiera se sabía cuál era lo de uno, eso no se vuelve a encontrar. Y el que no da con ese clan experto y macho, con ese sombrajo de amistad y literatura, en sus años desvalidos, ése se perderá para siempre reciclado en funcionario, mierda y nada, por la gran ciudad. Principia el soneto de Salvador: «Un soneto me manda hacer Quevedo, / nuevas odas Neruda solicita / Miguel versos del pueblo precipita / y Ramón greguerías. En el ruedo / mortal y rosa...» Etc.<br /><br /><strong>Viernes 7</strong><br /><br />Guadalajara. Plantamos un árbol en la finca de Cela. Literatura y Marina Castaño. Vino y metáforas. Tarde de una luz inspirada, extensa, horizontal, como una detenida tormenta que se lo hubiera pensado mejor. «Qué hermosa es Castilla», exclama Raúl. Un quietismo de sol rosa, un cielo enlagunado en azul frío, una hora empozada en el tiempo. Martín Prieto, Pablo Sebastián, Raúl del Pozo, el doctor Barros y yo. Y las chicas. Camilo está poderoso, ingenioso, vivo. Nos da su nuevo libro, Poesía completa, que le ha sacado el Círculo de Lectores. Del libro nos lee un poema reciente, largo, erótico, surrealista, enamorado y desesperado. Sobre la cursilería de los nombres exóticos, cuenta una experiencia de oído. Es el apelativo lujoso tapando el hambre: «¡Madre, que el Montgomery se ha cagao!».<br /><br /><strong>Sábado 8<br /></strong><br />Mañana firmo ejemplares en la Feria del Libro. Charo Albarrán pone una caseta reventona, cordial y eficaz donde se vende mucho. Es una gran profesional. Voy todos estos últimos años y observo con satisfacción que mi cola de lectores es de gente joven, parejas con chaleco de cuero, clavos y cosas, libros y amistad. Veo otras colas de señoras de pelo azul y perrito. O los franquistas de todos los años, impasible el ademán, blanco y ralo el bigotillo. La guerra civil parece ser el centro de esta Feria temática (ahora todo es temático: otra pedantería de los analfabetos, que es la peor). El rey Juan Carlos ya ha comprado el libro de Umbral, como todos los años. La reina Sofía jamás va de pieles, ni a la Feria ni a nada. Y la Tocino sin aclararse.<br /><br /></div><div align="right">Publicado en “El Mundo”, <em>Diario con guantes</em> (9 junio 1996) </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-3948491529154223562?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-60689549683882897852009-03-22T07:47:00.002+01:002009-03-22T07:50:03.954+01:00Periodistas<span style="color: rgb(255, 255, 255);">.</span><br /><div style="text-align: justify;">Parece que el periodista va a verse obligado a revelar sus fuentes cuando lo pida el juez. Así lo ha decidido el Gobierno: "El Gobierno, no. El socialcristianismo que disfrutamos", salta Gómez Llorente, mascullando su pipa. "Socialcristianismo", porque ya tenemos un impuesto católico que pagar, directa o indirectamente. A uno, como profesional, le gusta el neofelipismo, pues que obliga a nuevas fintas y malicias en el estilo, como cuando entonces, y los de caligrafía esotérica nos lucimos más. También nos van a controlar la cuenta corriente, la cartilla de ahorros (supongo) y hasta el cerdito de hucha de barro. Con la democracia a braga quitada, era todo como más campechano y aburrido. No había manera de dar la nota. Pero estos ajustes finos de la democracia nos devuelven, sí, al socialcristianismo bahamondista, y al escritor no hacen sino darle oportunidades, ya que es el único que sabe hablar en prosa sin que los jueces se enteren. En plena crisis del medio siglo, a uno le rejuvenecen tres cosas: la nueva sumisión al Vaticano, la censura judicial y las visitas de Iria Bugallal en la <i>dacha,</i> que viene a verme en bicicleta. Estamos, sí, corno cuando entonces, después de dar un largo rodeo por la transición, el cambio, la ruptura, el eurocomunismo, la OTAN/NO y la Virgen. Ya podemos los periodistas volver a hacer estilo. Los colegas que se quejan estos días de la nueva restricción, es que no entienden el juego. A quienes escribimos en los periódicos nos ha tocado la loto. No ya un Franco parkinsoniano, sino cientos, miles de Francos espectrales, inexistentes, pero consecuentes, por toda España, acechando nuestro pendolismo.El hombre se hace contra la adversidad y el periodista se hace contra la censura, llámese judicial o gubernamental. El secreto profesional no podrá ser alegado en delitos perseguibles de oficio. ¿Y qué es delito, y qué no es perseguible de oficio? Se empieza por ahí y se acaba metiéndole a uno en el saco por todo. La libertad es total o no es. No hay libertades condicionales ni para Ruiz-Mateos. Pero la libertad no le va al escritor español. De Cervantes a Delibes, todos hemos escrito <i>mejor</i> contra la Sagrada Inquisición. Todos estamos fichados por Hacienda y por la Iglesia, ya, dos instituciones que vienen a ser lo mismo. Los diezmos y primicias del cielo y las bulas hacendísticas al que tiene millones para hacerse una Fundación March. Pero la ola conservadora viene de Europa, desde el Norte, de modo que tampoco hay que culpar al neofelipismo. No sé los particulares, pero los periodistas estamos o debiéramos estar encantados con la nueva y sutil presión (que no <i>repr</i>esión). A uno se le ha curado ladepre, la neura, el ácido úrico y hasta los triglicéridos de sólo saber que hay que andarse con cuidado. Escribir es bordar. Se borda sobre el cañamazo/estameña de la Inquisición, de alguna/cualquier inquisición. Uno nació bordadora. Con la liberté sólo se acaba haciendo <i>literatura light,</i> que es en lo que andan nuestros postnovísimos. El escritor necesita plomo en el ala: que le deje su señora o que le llame el juez. <i>E</i>l <i>Quijote</i> se empieza a escribir en una cárcel. La libertad no conduce a nada, como primero había descubierto Lenin y ahora Javier Solana. Los gobernantes no saben lo que se buscan: con la libertad, toda crítica se queda en pingaleta intrascendente. (Por eso este periódico publica sus cartas más críticas contra él.) Con la represión justa y jurídica, la crítica se engrandece. Nada menos que el barroco español nace de la dificultad de decir las cosas: Quevedo, Vélez, Gracián, etcétera.<br /></div><span style="color: rgb(255, 255, 255);">.</span><br /><span style="color: rgb(255, 255, 255);">.</span><br /><div style="text-align: right;">Publicado en "El País" (11 de octubre de 1987)<br /></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-6068954968388289785?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-79720311610498558042009-03-08T07:45:00.002+01:002009-03-08T07:48:27.582+01:00El del infarto<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_La1atbsbLbo/SbNpoFKxSLI/AAAAAAAACOk/HCp-2-eO9vI/s1600-h/infarto.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 85px; height: 440px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_La1atbsbLbo/SbNpoFKxSLI/AAAAAAAACOk/HCp-2-eO9vI/s320/infarto.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5310704522902980786" border="0" /></a><br /><div style="text-align: center;">Pinche sobre la imagen para agrandar y leer (cómodamente)<br />Publicado en el número 101 de "Hermano Lobo" (13 de abril de 1974)<br /></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-7972031161049855804?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-85686964945080743462009-01-10T08:19:00.003+01:002009-01-10T08:21:54.179+01:00Antonio López<div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">El pintor Antonio López no viene a cerrar esta serie en calidad de esnob, porque nunca lo fue. Primero era un chico de Tomelloso y hoy es el mejor pintor de España, muy visitado y difundido en el mundo. Pero todos sus premios y triunfos no le han disuadido de su cualidad terruñera, no le han aportado ni un ápice de esnobismo. Hoy, sus plurales culturas le permiten hablar de pintura y de lo que fuere con un cierto magisterio de la calle, pero sin caer nunca en pecado de esnobismo, que no es lo suyo. El esnobismo puede aportar una segunda personalidad más brillante que la primera, pero sólo en algunos y determinados casos. Antonio López, sin duda, no ha tenido necesidad de plantearse esta alternativa, que su naturaleza ignora. Es un pintor de pueblo que triunfa irónico en las grandes ciudades y luego se va a cenar sopa de ajo con unos paisanos de Tomelloso que aparecen milagrosamente en Nueva York, como esos niños difuntos que aparecen o aparecían en los cuadros de interiores cuando Antonio López hacía realismo mágico.</div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">Este realismo mágico, según me contaba él, procedía de sus sueños, pues estuvo mucho tiempo pintando lo que había soñado la noche anterior, y ahí aparecen las mozas de Tomelloso, sentadas en rueda, hermosas, anchas y princesas o infantas de ese palacio de bodegas y jamones, de artistas y poetas, que es la patria de los López, de García Pavón, de Félix Grande, de Eladio Cabañero y todo un trust de cerebros como los encontramos en tantos pueblos de España, pensando profundamente las historias familiares, en el Casino de los Señores o en el Casino de los Trabajadores.</div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">Antonio López vino a Madrid a estudiar en la Escuela de Bellas Artes y es cuando yo le veía en casa de Pavón, siempre cargado con su gran zurrón misterioso don-de cabía un Velázquez de gran tamaño, varias botellas de vino, la ropa de diario, la ropa de trabajo, las cartas del pueblo y un caballete para ponerse a pintar en cualquier esquina de Madrid. Así le salió la Gran Vía. Es cuando se despierta, deja el realismo mágico y el realismo/realismo, para situarse entre la geometría y Velázquez, porque Antonio es un geómetra que no renuncia a la pintura aérea de Velázquez, a los milagros de la luz ni a las fantasías de la realidad.</div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">Antonio López acaba en España con la abstracción, cuando ya ésta se ahogaba sin atmósfera y todos los cuadros empezaban a ser iguales aunque jamás habían sido distintos. Hacía falta un pecado nuevo en la gran pintura y Antonio López se alzó con la hermosa blasfemia del realismo como viña de todas las cosas. Uno comprende que López nos haya devuelto a los galpones de la realidad geométrico/velazqueña, pero uno, que cree en aquello de que la memoria es la identidad, sigue identificándose con la temperatura de los interiores, el clima de la intimidad y el milagro modesto y pintado del párvulo que vuela de un extremo a otro del aparador. Ya tengo escrito anteriormente sobre el realismo mágico, pero lo de Antonio López hacía escuela por sí mismo y el realismo enjuto tenía su secreto en coger una foto de los padres, en seco, uno con la gabardina de los 40 y ella con la cesta de la compra. Son cuadros abrumadores de sinceridad y absolutamente perfectos y actuales.</div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">Ahora, nuestro pintor vive por Chamartín, oye los trenes como cuando soñaba en Tomelloso, aquellos trenes cantados por Eladio Cabañero, pinta con el sol del membrillo, se entiende bien con otro perfeccionista como Víctor Erice, y tiene tanta obra sin terminar como obra terminada. Las esculturas le crecen solas y amo esa colegiala adolescente con más piernas que abrigo, que debiera lucirse a la puerta de algún instituto. Antonio López es un gran teórico de la pintura y, si se le deja, en seguida nos hace a todos velazqueños o nos mete en unas Meninas. Ha llegado a la pureza de un gran clásico sin quitarse las zapatillas de cuadros.</div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="right">Publicado en <em>El Cultural</em> ("El Mundo", 31 de julio de 2003)</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-8568696494508074346?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-78453954577827425102008-12-15T23:10:00.003+01:002008-12-15T23:13:22.916+01:00Pinares esmeraldas, sol de piedra<div align="justify"><em><span style="color:#ffffff;">. </span><br />Veranos de pinares en mi adolescencia, solitario como un loco, el otro loco, un viejo en camisón, con la melena como una corona desordenada, diciendo versos que sin duda había escrito la noche anterior. O quizá ni siquiera los escribía sino que se los aprendía de memoria y combatía con su épica contra la épica de Shakespeare. </em><br /><span style="color:#ffffff;">.<br />.<br /></span>El bosque de Macbeth venía hacia mí despertando los campamentos de la mañana. El cielo era una totalidad y el intenso bosque de pinos se abría de pronto, beligerante, pariendo un ferrocarril. Yo seguía mi paseo por los pinares con un libro en la mano, dueño otra vez del silencio del día, inmenso enlagunamiento que era agosto en el aire. Veranos de pinares en mi adolescencia, solitario como un loco, el otro loco, un viejo en camisón, con la melena como una corona desordenada, diciendo versos que sin duda había escrito la noche anterior. O quizá ni siquiera los escribía sino que se los aprendía de memoria y combatía con su épica contra la épica de Shakespeare. Idos los locos, los ferrocarriles, los clásicos y los poetas, seguía yo mi paseo o buscaba un lago de sombra para tenderme a leer en mi libro, que tenía las tapas de color marfil o hueso pulido y contaba historias galantes de la Europa anterior, la Europa de mi madre que yo añoraba como si hubiera conocido aquellos años.</div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">. </span><br />Veranos lentos, “lentos veranos de la infancia, horas tendidas como playas”, como había escrito Jorge Guillén, del que ya he hablado o hablaré. Veranos que a veces se prolongaban hasta el mojado otoño cintilante de lluvia, cuando cogíamos las piñas pesadas como armas, las metíamos a abrir en el horno y luego nos comíamos los piñones. Convalecencias familiares, largas convalecencias, un hotel que lo era en todos los sentidos y donde mi dandismo precoz y tonto paseaba un libro con tapas de marfil y prosa también marfileña, mientras el resto de los convalecientes leían la colección Pueyo, novelas selectas. Yo tenía la necesidad, el pecado de leer, pero además tenía el esnobismo de pasear aquellos libros como franceses entre las deshojadas novelas del verano.</div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span><br />Lento caminar por la grava o por la hierba, pasando entre los pinos como entre una multitud, cogiendo alguna vez una piña del suelo, verde e intensa, que luego llevaría a mi madre como un ramo de flores o una fruta misteriosa, hermética y saludable. Jamás conocí el final de los pinares. Sólo llegué alguna vez hasta la orilla de un río que era como un ramal del cielo discurriendo por entre los árboles. Los pinos, si se les trata con asiduidad, llegan a ser como las multitudes urbanas, compactos pero educados, y parecía que se abrían a mi paso dejándome un sendero de sombra y piedrecillas donde mi pie caminante crujía como los pasos de un animal salvaje, felino y amigo que me estuviera siguiendo, porque estos animales llevan millones de años siguiendo al hombre para saber a dónde va. Un día descubren que el hombre no va a ninguna parte y se dan la vuelta hacia su manada. Pero había leído yo que, a la inversa, el primer hombre que llegó a Europa venía de Asia o África siguiendo a un tigre para cazarlo. No cazó el tigre pero descubrió un continente más habitable que los otros y que luego sería el continente de la cultura, el gran bosque académico donde llegaría a florecer la rosa transparente de la idea.</div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span><br />Estas cosas las pensaba y repensaba durante mi paseo cotidiano y llegué a sentirme yo el primer habitante de Europa, que caminaba detrás de un tigre con un libro en la mano, como si fuese el primer libro, la semilla de la tipografía que había de dar extensamente sus menudas flores al mundo a medida que los árboles se deshojaban en libros y los libros sustituían a los ángeles o eran como unos ángeles de alas cortas que traían cada uno su mensaje, como suele traerlo un ángel antes de la invención de la imprenta. Dios había creado los ángeles pero Gutenberg creó los libros, esos ángeles de vuelo corto que me llevaban mucho más lejos con la imaginación y la letra impresa.</div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span><br />Lejanos cuarteles del cielo, rumor de imaginadas locomotoras que eran como el sueño del día cuando el azul entornaba los párpados, el canto urgente de los pájaros, que se detenía a mi paso como la zambra de los gitanos al paso de la pareja. Había sobre mi cabeza varios cielos superpuestos de verde intenso y variable, y más arriba estaba el cielo azul como una aparición o un descendimiento. Una inexistente garganta profería su grito largo y puntual como una sirena. Era la hora de volver. </div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.<br />.</span></div><div align="justify"></div><div align="right"> </div><div align="right">Publicado en “El Mundo”, <em>Por el camino de Umbral </em>(30 enero 2002) </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-7845395457782742510?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-58481301792664291992008-12-03T18:49:00.004+01:002008-12-03T18:51:19.640+01:00Los turistas<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_La1atbsbLbo/STbG4-fIsEI/AAAAAAAABf4/fn8CMF9haIw/s1600-h/turistas.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 286px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_La1atbsbLbo/STbG4-fIsEI/AAAAAAAABf4/fn8CMF9haIw/s320/turistas.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5275622695659679810" border="0" /></a><br /><div style="text-align: center;">Pinche sobre la imagen para agrandar y leer<br />Publicado en "Hermano Lobo", Num. 153 (12 de abril de 1975)<br /></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-5848130179266429199?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-90816818200998051652008-11-19T18:20:00.002+01:002008-11-19T18:22:13.117+01:00El mondadientes<div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">Creo haber contado aquí alguna vez que los griegos de elite envenenaban los mondadientes a sus invitados. El castizo palillo español, rasgo hortera si los hay, tiene realmente un uso higiénico y los griegos más exquisitos lo usaban en sociedad. No sabemos si se utilizó para matar porque estaba de moda o estuvo de moda porque se utilizaba para matar.</div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">-<br /></span>Y he aquí que hemos heredado lo peor de los griegos: Serbia envenena todos los mondadientes de Rambouillet. En Paraguay, a Oviedo le envenenan todos los mondadientes y tiene que huir a Argentina tras la jura de Macchi, buscando un dentista. ETA nos envenenó los mondadientes con la tregua. Eran unos palillos que llevaban soporífero, y así es como hemos dormitado largamente creyendo en ese paraíso de paz por donde corría Manu Leguineche en bici (un Manu adolescente y ya internacional). Borrell le había envenenado los mondadientes a Piqué y ahora Piqué se los envenena a él. Pero no por eso es menos cierto que el portavoz tenía una muela piqué. Pese al uso y abuso de palillos, no acabamos de parecer griegos, sino pastores extremeños aburridos, mascando un palillo viejo y mirándolo al trasluz a ver si todavía le quedan posibilidades de masticación y jugos.<br /><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">Una noche en casa de Cela, después de cenar, pedí los mondadientes, no por uso, sino por comprobar si el Nobel seguía manejando sus «apuntes carpetovetónicos», como buen «cazador de iberismos», que le llamó Ortega. Camilo se levantó, fue a un armario y me trajo una caja de mondadientes con una de las puntas forrada de plata. Aquí sí empezábamos a ser griegos.<br /><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">Al que escribe con mondadientes o con colilla en la comisura, se le nota mucho. Todo el socialrealismo se escribió así. La política de palillo la han hecho aquí algunos periféricos. El palillo, por la manera de llevarlo en la boca, es localista, y hasta podríamos decir de qué localidad. Los que ponen muchas barras llenan la prosa de mondadientes, pero de mondadientes envenenados que matarán de sopor al lector del artículo, pues se trata casi siempre de versos mal copiados. El señor Solana se fue a la OTAN con su mondadientes madrileño, hecho un casta y dispuesto a hacer carrera, pero le habían dado un mondadientes envenenado y ahora ya tiene la rabia en el cuerpo. No se sabe si el mondadientes se lo ha envenenado Clinton o el presidente anterior, pero Solana es ya un cadáver político que acabará recitando, de viejo: «OTAN, de entrada no...» O bien, en la residencia: «Hermana, otro mondadientes, que éste está envenenado». Iba a ser el delfín, pero el delfín se tragó el anzuelo del mondadientes. Los mondadientes, como los anzuelos, son de mosca o no son de mosca. Algún filósofo griego murió con la mosca en la oreja y algún salmón ha picado el mondadientes de los furtivos, que los hay de derechas y de izquierdas, aunque la izquierda come poco salmón, mayormente las bases, por más que diga el señor Cuevas.<br />Con un anzuelo/mondadientes envenenado cazó Garzón a Pinochet en el río revuelto del Támesis. Los Lores esconden los mondadientes en la peluca, como las horquillas. En los grandes almuerzos madrileños, si te fijas, todo el mundo te ofrece un mondadientes envenenado, a los postres: ¿No le parece a usted muy valiente el gesto de Solana...?</div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="right">Publicado en "El Mundo", <em>Los placeres y los días</em> (31 de marzo de 1999)</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-9081681820099805165?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-44111054938201530252008-10-30T06:18:00.001+01:002008-10-30T06:20:09.926+01:00Garzón, hoy<div align="justify">Los políticos usan continuamente de la alcachofa pero dicen pocas cosas o no dicen nada. Garzón, el juez Garzón, no habla nunca por el aparato pero siempre está haciendo algo. Los políticos se mueven en la teología y Garzón se mueve en la realidad. Los políticos juegan con las palabras y Garzón actúa con los hechos.<br /><br />Hombres, papeles, sitios exactos, citas concretas, sumarios, reos, cadáveres, testigos. Esos son los instrumentos con que trabaja Garzón. En la anterior temporada le acusaron de trepa porque es un hombre que se mueve más que los demás y consigue más cosas. «Ese busca algo» decían de Garzón. Claro, busca la verdad. En este nublado verano, numeroso como una novela policiaca, se ha afilado un poco más la calumnia. «Ese busca el Nobel».Suponemos que será el Nobel de Literatura porque a cada encausado le dedica una novela o sumario de 500 páginas. El Nobel de la Paz no se lo van a dar porque en España no hay paz ni la va a haber de momento, mientras los legitimistas de la violencia no cambien de arsenal.<br /><br />La singularidad de Garzón es que vive pegado a las cosas, a las realidades, a las tabernas vascas, por ejemplo, y no sabemos si es buena o mala medida el cerrarlas, para los fines que persigue Garzón, pero él es paredaño de la vida y las abstracciones de los políticos y los periodistas no le dicen nada. Entre tantos españoles como andan metidos en esto sólo él, el juez Garzón, vive entre las cosas mientras crecen los atestados.<br /><br />No sabe uno si la vitalidad de este hombre, su creencia directa en la realidad, su capacidad para el hecho concreto, son cosas que darán buenos o malos resultados en el futuro inmediato. Pero es absorbente como una película ver a Garzón que entra y sale, va y viene, frecuenta cárceles, alborota Juzgados y visita sospechosos a deshora. Por contraste con Garzón, el mundo político y el mundo jurídico se quedan pálidos, cortos, irreales. Son una novela tediosamente sicológica mientras que Garzón es un western de cabalgadas incesantes e indecibles.<br /><br />El espectáculo Garzón es un número para los españoles porque los españoles somos una vieja raza teórica y antes de pasar a la acción preferimos formar comisiones, poner firmas, escribir cartas, hacer hipótesis y aplazar lo ya aplazado, a ver si viene el veranillo de San Martín y nos tomamos otras vacaciones. ¿Por qué no seguir el ejemplo del joven y popular juez, que parece un hombre audaz de novela de quiosco, y ser un poco más activos, más fácticos, más eficaces? Pero de un pueblo que ya está diciendo que Garzón va a por el Nobel, calumniándole con un elogio, no cabe esperar aprendizaje ni conducta. Estamos nada menos que ante el pecado dúplice de los nacionales: la soñarrera perezosa del indígena unida a la envidia del que no tiene sueño.<br /><br />Baltasar Gracián, si es que fue Gracián, definió la envidia como tristeza del bien ajeno. Estábamos tristes por nuestros muertos sistemáticos y ahora estamos tristes del bien ajeno, que es el de Garzón. Fuera con la tristeza nacional, con el miedo autonómico, con la alegría fingida, con la farsa jesuítica, y el Nobel para Garzón. Garzón ha resultado el Gran Hermano en este confinamiento lóbrego de los nacionalismos. El nos ve a todos, nos sabe, nos escucha, nos intuye y nos rodea. Garzón es ejemplo para camastrones, pero tampoco hay que volar la cama. </div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span><br /></div><div align="justify"></div><div align="right">Publicado en “El Mundo”, <em>Los placeres y los días </em>(4 septiembre 2002)</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-4411105493820153025?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-88598040187176088492008-10-15T19:17:00.002+02:002008-10-15T19:20:00.363+02:00Qué error, qué inmenso error<div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">Corría el primer verano post-flebitis. Entre el Consejo y Fernández Miranda se hablan inventado a Suárez, el flecha de la democracia, el antiflecha, y aunque todos lo pensábamos, sólo don Ricardo de la Cierva lo dijo, bajándose del autogiro familiar:</div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">-Qué error, qué inmenso error.</div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.<br /></span>Volvió al autogiro y se perdió en los cielos del franquismo a practicar, en algún rincón guateado de la Historia, su género literario favorito. Qué digo favorito: predestinado. El fascículo. Porque así como Buero ha nacido para el teatro, Delibes para la novela y Camilo para el taco, don Ricardo de la Cierva ha nacido para el fascículo, ha hecho del fascículo un género literario, lo ha elevado a una categoría confusa que está entre el ensayo histórico y el quiosco, entre la hagiografía franquista y el tebeo, entre Tuñón de Lara (sin nicotina) y la enciclopedia ilustrada que no ilustra nada.</div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span><br />Ahora, en vista de aquel funesto presagio dicho a la Historia desde las murallas de Murcia, Suárez le nombra asesor cultural y así se lo paga. Qué error, qué inmenso error. Don Ricardo de la Cierva iba camino de convertirse en el más aplicado biógrafo/hagiógrafo de Franco, pero de pronto se le murió el personaje, a medio fascículo, y como el público de los fascículos está hecho de lectores coleccionistas y maniáticos, don Ricardo siguió ya sin protagonista, por mera inercia narrativa, como sigue Curro Jiménez, dominicalmente, sin que nadie filme nada durante la semana (por más que desmientan las notas oficioso /oficiales de Prado del Rey, nutriendo sus hojas de rodaje a base de santa misa). El personal ya tenía las tapas coleccionables y había que terminar el folletón. Así, este historiador sobre la marcha, hebdomadario y voluble, se encuentra hoy empastado entre las pastas de sus colecciones, confinado en la crónica política y las iniciativas Lara, que son como las exclusivas Ramiro de la literatura.</div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.<br /></span>En esto que le llama Suárez. Qué error, qué inmenso error. Arrebatado al autogiro familiar por Franco, arrebatado a la mano insegura de Franco por Fraga, arrebatado al abrazo mortal de Fraga por la Historia, arrebatado a la Historia por José Manuel Lara, arrebatado ahora a Lara por Suárez, don Ricardo de la Cierva vive un perpetuo y sucesivo rapto de las Sabinas donde él solo es las siete Sabinas, y se le ve pasar en un torbellino de Rubens, con mucho pliegue de crónicas y fascículos, imitado en papel de periódico el ropaje renacentista que cubre y descubre la carne fondona y sobrante, las formas que pesan o vuelan en él, que en esto tendrían que ponerse de acuerdo d'Ors, Camón y otros tratadistas del flamenco.</div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.<br /></span>Qué error, qué inmenso error. Según Peridis, Roma -Suárez- no paga traidores. Pero sí paga errores, a lo que se ve. Toda España fue un qué error, qué inmenso error, en aquel mes axial, una silenciosa y millonaria exclamación de brazos al cielo, como un cañaveral desesperado, pero sólo el de la Cierva lo dijo, y sólo a él se le recompensa. ¿Por qué no nos coloca Suárez a todos, a todos los que coreamos aquella exclamación y aquel error? Por otra parte, no sé lo que quiere Suárez de don Ricardo: no sé si quiere tenerle al lado para que se calle, reforzar o amordazar con él a Cabanillas o tener dos Cabanillas en lugar de uno, o dos La Cierva en lugar de ninguno.No se entiende nada. ¿Y qué es lo que le va a enseñar el historiador al presidente? Lo de asesor de cultura queda así como preceptor de buenas maneras para un chico zafio de Cebreros. Le enseñará idiomas, fechas de batallas y el correcto uso de los cinco tenedores, que Suárez sólo se habla ejercitado con las cinco flechas. Qué error, qué inmenso error. Suárez me cae bien y el del autogiro no me cae mal, pero pertenezco, aunque poco, al llamado mundo de la cultura, porque a veces las editoriales me mandan catálogos, y me pone espanto pensar lo que puede ser este Fraga sinnnnn alcohol al frente de la inteligencia e incluso de la intelligentzia. Qué error, etcétera.</div><span style="color:#ffffff;">.</span><br /><span style="color:#ffffff;">.</span><br /><div align="right">Publicado en "El País" (21 de febrero de 1978)</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-8859804018717608849?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-79795843559915335202008-10-13T21:30:00.005+02:002008-10-13T21:35:02.833+02:00Diario íntimo<div align="justify"><em>Madrugar es espiarse a sí mismo, algo así como verse levantado desde el sueño. Doy de desayunar a la gata, que ya vuelve del jardín, entelerida y casera, con una seda de frío sobre su piel</em><br /><br />Escribió Borges que “cada amanecer nos promete un comienzo”. Luego la verdad es que no comienza nada, pero ha valido la pena amanecer con el mundo. El sol viene del Este, largo y frío, pasando todos los colores del jardín, despertando colores como pájaros, hasta dar en el pecho de la Virgen románica, una Virgen gestante que me costó muchos duros en el Rastro, hace ya años. El anticuario tenía la pareja y quería venderme también a San José:</div><div align="justify"><br />– La pareja no puede deshacerse.<br /></div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">– Se deshacen tantas parejas...<br /><span style="color:#ccccff;">.</span></div><div align="justify"></div><div align="justify">Y como yo me iba indiferente, me llamó para colocarme la pieza. El primer amigo escultor que vino a casa la encontró bellísima. Sólo yo la veo, madrugada de sol, con su cara orientaloide, su túnica de colores encendidos (conviene avivarlos con aceites, cuidadosamente) y su mano de campesina joven y fuerte, mano que se lleva al vientre de indecible curvatura. La madera tiene una gran raja vertical que es ya como un parto del bosque. La chica marroquí limpia la casa, el sol va asumiendo todos los colores del exterior y esta Virgen románica y seguramente falsa parece levitar en mayor luz. Digo que seguramente falsa y en realidad no me importa sino que me gusta. El arte falsificado tiene un misterio añadido.<br /><br />Fátima, la marroquí (todas se llaman Fátima, es el nombre del exilio) no sé cómo verá esta Virgen que en su religión no hay. Pensará que en esta casa somos unos fanáticos de una religión infiel y blasfema. En cuanto alguien me manda un ramo de flores, Fátima se apresura a ponerlo debajo de la Virgen, erigiendo un inesperado altar. La familia duerme todavía. Para que nadie piense que es una Virgen de culto, le he ido poniendo en torno abstractos de Torner, la última foto de Verlaine, un dibujo de Chillida y un desnudo de Roldán, muy erótico.<br /><br />Madrugar es espiarse uno a sí mismo, algo así como verse levantado desde el sueño. Doy de desayunar a la gata, que ya vuelve del jardín, entelerida y casera, con una seda de frío sobre su piel. Mi gata siamesa desayuna carne para perros, que le gusta más, y una especie de pienso para gatos. De pequeña le puse Loewe, pero ahora la llamo Caperucita. Luego se irá al jardín a cazar pájaros o se meterá en un rincón a dormir. La prensa de la mañana la arrojan muy temprano por encima de la verja. Leo noticias húmedas y a veces una babosa de la hierba se instala en un titular. Paso la babosa a mi mano y charlo con ella hasta que estira delicadamente las antenas y las orienta hacia mí. La babosa se da un paseo por el vello de mi piel. Luego la pongo en una hoja verde y la vuelvo a depositar en el jardín. Sobre el periódico era como una letra gorda de grandes titulares que se erigía hacia mí para darme una noticia.</div><div align="justify"><br />Durante la lectura de los periódicos se va formando en mi interior el tema, el asunto de la columna, que puede ser una anécdota, una palabra, o un gran suceso o una gacetilla minutísima. Literatura es ver las cosas a través de otra cosa. Y periodismo también. Al menos el mío y el que a mí me gusta. Por eso prefiero siempre un tema lateral que luego me permitirá entrar en materia. O no entrar.<br /><br />El tema fuerte es siempre ETA. Algunos periódicos han decidido escribir Eta, para quitarle a la cosa abrumaciones. La babosa de los cuernecillos está por lo menos a salvo. María me trae el desayuno. Bacalao, fruta y leche con cosas para mojar en la leche, o un poco de miel. Nunca he entendido el desayuno español, el castizo cafelito del hambre que permite dejar el trabajo a media mañana para reforzar con un bocata. Tomo pastillas de distintos colores e intenciones. Es otoño y la parra del jardín está roja, larga, derramada, como una María Callas que nos da su recital de temporada, púrpura y silencioso.<br /><br />El sol se ha retirado de la Virgen, pero no del jardín. El jardinero, Pedro, anda afanando con las hojas secas. En la piscina hay hojas secas y libros malos que tiré anoche. Viene un japonés con la leche. Un japonés dentro de un casco de motorista es ya un marciano o un criptonita. Nada que ver con un repartidor español. El repartidor español es siempre un amigo. El repartidor japonés es un funcionario de la leche. Sobre la mesa, junto a la prensa, tengo el primer fax del día. Es de Miguel Oriol, que glosa mis columnas, a veces, como de madrugada, y siempre con talento. ¿Cuánto madruga un arquitecto de la Real Academia de Bellas Artes? Más, desde luego, que un repartidor japonés.<br /><br />Y más tarde, algún día, llama Inés desde Toledo y hacemos un poco de marujeo de altura. Procuro ponerme a escribir antes de que el teléfono se ponga nervioso. El teléfono tiene algún parentesco con la babosa, por el negro brillante, por las antenas como eléctricas. El sol sigue en el Este, más o menos, pero yo soy rehén, ya, del trabajo y la actualidad. Mi Virgen atea ha vuelto a quedarse sola, casi en sombra.<br /><br /></div><div align="right">Publicado en “El Mundo”, <em>Por el camino de Umbral </em>(13 diciembre 2000) </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-7979584355991533520?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-88331404147568431522008-10-04T12:15:00.002+02:002008-10-04T12:16:59.433+02:00Sujetadores<div align="justify"><br />Me llaman de una revista para preguntarme qué opino de la supresión del sujetador en el bikini.</div><div align="justify"> </div><div align="justify">- ¿Y por qué sólo el sujetador? -respondo.<br /><br />Antes se llamaban sostenes, pero ya no es la misma cosa ni la misma palabra, con perdón del maestro Dámaso Alonso, que estará dando su paseo de todas las mañanas. El sujetador es pura lencería lírica e inconsútil, en tanto que el sostén solía ser de uralita y castidad. Hay un matiz, como ven. Siempre hay un matiz. Con la Falange y el Movimiento, lo mismo. También hay un matiz. Lo dice Falange Española de las JONS: aclaran que el señor Suárez, presidente del Gobierno, no es exactamente falangista. Y explican:<br /><br />-No nos extraña, dado que una vez más se quiere confundir a la Falange con el Movimiento.<br /><br />Es verdad. Error de bulto. Tan craso como confundir el sujetador con lo sujetado o el sostén con lo sostenido. Es el matiz, ya digo. El sexo de los ángeles. ¿Cuál es el sexo político del presidente? No se sabe bien si los de Falange Española le hacen un favor o un disfavor matizando que no es exactamente falangista. Pero en todo caso han dejado en el aire, involuntariamente, una pregunta que estaba en el subconsciente nacional:<br /><br />-¿Qué es políticamente el presidente?<br /><br />Cuando salió nombrado, los eternos descontentos dijeron que era del Opus, que era de Falange, que era un hombre de López Rodó, que era un hombre de Herrero Tejedor, que era un hombre de Prado del Rey. Dijeron tantas cosas que se neutralizaban unas a otras. Un fino observador que había trabajado en Presidencia me lo definió así:<br /><br />-Suárez es un hombre de Suárez.<br /><br />Al principio me deslumbró el sofisma, como todos los sofismas. Uno es sensible a la brillantez y la sorpresa de la forma, qué quieren. Aunque sea una forma enganosa. Uno es de la época del sujetador. Luego comprendí que no me hablan dicho nada. Es como decir que yo soy un hombre de Umbral.<br /><br />-Es que usted también es muy suyo.<br /><br />-No tanto como el presidente, modestia aparte.<br /><br />Supongo que Suárez es un hombre de la Corona. De Franco también se decía que era franquista. Estas tautologías no aclaran nada, pero quedan ingeniosas. Dicen que don Alfonso XIII le dijo a cierto escritor:<br /><br />-Eres más monárquico que yo.<br /><br />No haré la pregunta inconveniente de si Suárez es más monárquico que el Rey, pero sí debe ser más monárquico que López Bravo y Silva Muñoz. A la vista está. Lo que caracteriza a nuestro presidente es el haber pasado a través de los distintos vitrales ideológicos, políticos y administrativos del Régimen sin romperlos ni mancharlos.<br /><br />-¿Cómo el rayo de luz?<br /><br />-Como el rayo de luz, pero con vocación de mando.<br /><br />-¿Está usted seguro de que en Prado del Rey no rompió ni manchó nada?<br /><br />-Aquello está tan roto y tan sucio que da igual.<br /><br />A ver si ahora el señor Ansón lo adecenta un poco. El otro Ansón, Luis María, es el que ha puesto de moda el tema del sujetador, Y Picatoste le ha echado una mano. Tal para cual. Los falangistas que ahora repudian a Suárez, hablaban en los años treinta de la España alegre y faldicorta. Los monárquicos de hoy hablan de la España sin sostén. En estas cosas lo malo es empezar. Las españolas se han quitado de encima el sostén y los falangistas quieren quitarse de encima el Movimiento. Esto no lo arregla ni el Apóstol Santiago.<br /></div><div align="right"><br />Publicado en <em>Diario de un snob</em>, “El País” (28 de julio de 1976) </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-8833140414756843152?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-57372124790395698052008-09-21T18:16:00.001+02:002008-09-21T18:18:12.427+02:00Que buen caballero era<div align="justify">Hace mucho tiempo que las murallas de Avila le sirven de corona. La cualidad pedernal que en un tiempo mágico y violento le sirviera para salvar España, se le ha aserenado ahora en el alma dolorida de modo que todo él es ya piedra de paz donde se posa la memoria colectiva como ave cierta y cansada. Adolfo Suárez. Qué buen caballero era.<br /><br />Fuerte gozo tuve cuando un jurado generoso y numeroso me concediera el premio Príncipe de Asturias de las Letras, pero ahora ese gozo se hace absoluto, excesivo, plural, de dimensión política, histórica (para mi álbum del corazón), cuando en el mismo exquisito lote entra, primero entre los pares, impar, Adolfo Suárez, duque de Suárez, la más limpia lámina histórica del siglo, con don Manuel Azaña, el hombre que retornó por el revés del tiempo, como Orestes, y fue justo en el momento justo, esencial y peleador como no lo daba España desde nunca. Su gloria ha crecido a medida que los sucesores se iban emporcando, empecinando de sí mismos, lo que le ha hecho a él, al Duque, de condición irrepetible y cualidad de estatua. Imaginó la España venidera, tiraba cada día más hacia las fuerzas del progreso, hacia el progreso de su fuerza, y por eso prefirió irse de hombre a quedarse de ajuntaculos, como los de hoy. Adolfo Suárez, premio de la Concordia, premio a la Concordia, corazón concordante, maestro de la concordia que puso contestes a todos los españoles.<br /><br />Y encima tenía un estilo, y lo tiene, una manera de mandar, una manera de hacer, una manera de hacer que se hiciese. El sabe cómo le queremos y respetamos un ramo hosco de escritores por libre que allá en el romancero de la transición fuimos hostiles con él, hostiles a él. En muchos años de escritor político no me recuerdo villanía más fuerte del olfato histórico que el haber compartido lo del «inmenso error» con quien no hay que compartir nada.<br /><br />Mucho, algo hemos caminado codo con codo, entre Santiago Carrillo y Carmen Díez de Rivera, una mujer mítica. Pero tocar Oviedo al paso alegre y sobrio de Adolfo, príncipes ambos de un día (él lo será para siempre), me parece hazaña del azar que no puede repetirse, ni debe, gloria que explica y premia haber escrito tanta letra muerta, hoy viva por la amistad, la memoria y la «igualdad» de los premiados. Yo voy al Principado a aplaudir a Suárez, no a que me aplaudan a mí, y digo que los demás lo mismo, hasta los extranjeros, que le saben y respetan. En Oviedo se hace justicia todos los años, pero hoy, además, se ha hecho el milagro. Nadie estaríamos aquí sin Suárez, ni el Príncipe de Asturias, ni siquiera el verdadero Príncipe de Asturias, don Felipe. Este Adolfo de ideas largas y palabra corta, justa y sobria, dura y suya, se sacó España de las hijadillas cuando ya no había nada. Príncipe, hoy, de su silencio. Qué buen caballero era.<br /><br />Los preciosistas de la política, que los hay, dicen que no todo lo hizo bien, pero lo hizo mucho, y eso a mí me importa más. Muchas veces le he animado a volver, mas él conoce su hora y sonríe como haciéndose perdonar la negativa. «Lo que quieras, Umbral, pídeme lo que quieras». Una manera de decirme que no le pida eso. Hoy la justicia de unos hombres justos nos reúne, juntamente con maestros como Julián Marías, pero la fiesta es él, será en Oviedo, porque heredamos sus violentas leyes, pero nadie ha heredado esa hombría justísima, esa cualidad macho con que se inventó España. Qué buen caballero era.<br />.</div><div align="right"><br />Puclicado en “El Mundo”, <em>Los placeres y los días </em>(17 septiembre 1996) </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-5737212479039569805?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-8758083152937526372008-09-13T07:51:00.001+02:002008-09-15T17:26:29.861+02:00Clarin. Pecados mortales<div align="justify"><br />Puede que <em>La Regenta </em>sea la última gran novela del XIX. El XIX vivió la superstición de la novela, el libro gordo que había que dejar, como Cervantes, y a ser posible único. Los romanticismos son propicios a la monumentalidad literaria. Los románticos escribían de las grandes pasiones porque creían en ellas. En este sentido, Leopoldo Alas, Clarín, es el último romántico.<br /><br />Nosotros, los patriotas del siglo XX, los modernos, somos escépticos, irónicos, incrédulos, y nuestras grandes novelas son antinovelas, destrucciones de la novela. Marcel Proust puede hacer la antinovela (para el tiempo y la acción cuando quiere) porque ya no cree en el rigor dramático de Balzac. Joyce se plantea un argumento mediocre para desbaratarlo y abrumarlo de literatura y literaturidad, que es la pasión secreta y selecta del siglo. Musil, en El hombre sin atributos, narra la historia de Cacania, caricatura de su propio país, hace la antinovela antipatriótica. Por eso las novelas que se han hecho en este siglo, con impulso y ambición del XIX, son en realidad novelones, best-sellers, folletines. Hoy no puede sobrevivir la gran novela romántica (el naturalismo fue otro romanticismo) porque ese género exigía, ya digo, la fe de sus autores en lo que contaban. Pero los pecados mortales de Ana Ozores, de Clarín, hoy nos parecen travesuras provincianas.<br /><br />También el gran Miró, de quien nos hemos ocupado aquí, presenta en sus novelas cortas a la heroína del XIX, la mujer castísima y ardentísima que calla y sufre su amor por un arquitecto generalmente de ojos claros, y a ser posible más joven que ella. A Dostoievski, a Tolstoi, a Balzac, a Hugo, a Galdós, a Clarín, los leemos hoy por disciplina, pero se nos quedan ingenuas, provincianas, tontas, las pasiones y represiones que nos relatan. Ni los ladrones ni los asesinos ni los tontos ni las adúlteras ni los cornucopios ni los homosexuales ni el Santo Cristo de la catedral son hoy sino ingenuidades de la última pasión cristiana: la pasión del pecado, la pasión romántica del Mal.<br /><br />Cualquier novelista contemporáneo es irónico, narra desde el escepticismo (y si no, no es contemporáneo, aunque tenga 40 años). Después de la novela de pecados mortales vino la novela política -Zola, Blasco Ibáñez-, que hoy también nos da un poco de pena. Los políticos no se merecen una novela sino un buen editorial de periódico que los varee a modo, como los olivos de Luis Felipe Vivanco. Nabokov, Miller, Updike, los grandes del XX, y por supuesto Borges, que a algunos jóvenes rejuvenecidos les parece un “gilipollas”, todos han escrito en clave irónica, y no digamos Faulkner, que principia por postular en la gran novela grandes zonas de oscuridad: un juego con el lector. La Regenta, en la frontera de dos siglos, pertenece al naturalismo romántico, es una obra de arte, pero tiene poco que ver con estos autores que cito.<br /><br />Clarín hizo la gran novela de su momento, la que cierra el ciclo, con más o menos sugerencia de Flaubert, lo que pasa es que hoy descreemos de las grandes novelas, de la Obra, porque el pensamiento moderno es fragmentario: ya no se fabrican sistemas filosóficos hegelianos o kantianos, Baudrillard y compañía piensan al hilo de lo que pasa, como ya hicieran en España Ortega y Eugenio d'Ors.<br /><br />Con una gran falta de fe en la Obra, bien sea literaria o musical (nos fascina el fragmentarismo de Erik Satie, en música) y una gran falta de fe en los contenidos, hoy todo el arte que hacemos es irónico o transeúnte, pues incluso la angustia existencial, la náusea sartriana, quedan como un neorromanticismo de posguerra.<br /><br />Volvemos a ser irónicos como los griegos, de modo que nos hemos rejuvenecido de una juventud milenaria. Flaubert no digo que sea mejor o peor que Clarín, pues que escriben en distintas lenguas y esto supone una heterogeneidad que dificulta las comparaciones estrictas. Lo que sí digo es que Flaubert, siendo anterior, es más moderno que Clarín, ya que se distancia absolutamente de las pasiones de su heroína y de los horrores que denuncia, mientras que Clarín se identifica y nos identifica con todo eso. Clarín quiere impresionarnos, pero Flaubert sólo quiere ilustrarnos. Distanciamiento es ironía. Lo que Flaubert tiene sobre Clarín es la distancia. Me decía Jorge Guillén:<br /><br />-Mire usted, Umbral, no se puede al mismo tiempo juzgar y jugar.<br />-Mire usted, maestro, eso que me reprocha es lo que usted está haciendo ahora mismo. La aliteración jugar/juzgar es un juego. Usted me está juzgando, pero también está jugando.<br /><br />Quiero decir que el juego, clave y signo del arte moderno, de Apollinaire a Picasso (por eso se les ha estudiado aquí), de los surrealistas a John Cage, es el último recurso del siglo, la actitud lúcida del escepticismo creador. Se llegó a hablar, en su momento, de “el hombre que trabaja y juega”. Juegan incluso los animales (con un ratón que nunca se van a comer), y es cuando están más cerca de nosotros. Leopoldo Alas jugaba en sus Paliques, jugaba con los autores (que se lo pregunten a Valle-Inclán). Alas jugaba escribiendo, desde el título de sus crónicas y críticas, pero a la hora de hacer su obra, la Obra, en pleno arrebato romántico y naturalista, se pone muy serio y lo que falta en su gran novela es el humor, la ironía, la burla de unos horrores generados por la superstición cristiana o por la autoridad competente. Clarín, que no era tonto, hoy hubiera practicado la estética de la distancia para dibujar a Ana Ozores, una simple reprimida. Flaubert ve a la Bovary como una pobre provinciana soñadora y cursi. Clarín ve a Anita Ozores como una heroína de la virtud y el pecado. Ahí está la diferencia entre novelista y novelista, no tan distantes en el tiempo.<br /><br />¿Por qué no se escriben hoy regentas ni crímenes y castigos? Porque autores y lectores han cambiado de sensibilidad, han perdido la fe en los valores, a cambio de un cierto amor por los contravalores.<br /><br />Quiero decir que incluso Henry Miller creía demasiado en el sexo. Era un fanático de la vagina. El señor Bukowski, prosista muy inferior, interesa más a la juventud porque ve y cuenta el sexo desde la sonrisa (vertical).<br /><br />La equidistancia entre uno y otro es Nabokov, que consagra sonriendo la vagina virgen de Lolita. Nabokov llega a enfrentarse a muerte con el otro amante de la niña (Nabokov o Humbert, su álter ego, quiero decir), pero lo hace cuando ya no cree en ella, cuando ya no la ama. Su muerte o su crimen serán gratuitos, irónicos, pues se justifican por una pasión que ya no existe: “una lamentable anciana de catorce años”.<br /><br />Considerando todo esto, Clarín nos queda un poco lejos, como toda la novela del XIX, salvo la ironía de Stendhal, a quien por eso define Ortega como “Supremo Narrador ante el Altísimo”, incurriendo en un verbalismo romántico que precisamente rechazaba en nombre de Stendhal.<br /><br />No sólo hay que ser grande, como Clarín, sino que hay que serlo a tiempo. La Regenta es una novela cimarrona, cronológicamente un poco retrasada. Se puede exhibir como modelo de obra bien hecha, pero hoy estamos en la modernidad, que es culto a la obra regularmente hecha. La crítica más moderna se complace en denunciar que Baudelaire no es perfecto. Por eso mismo trajo la modernidad y el derecho a la imperfección. Clarín se lo hacía muy bien, pero la función había terminado. El XIX, o sea.<br /><br /><br /><div style="text-align: right;">Publicado en “El Cultural”, <span style="font-style: italic;">Los alucinados </span>(El Mundo, 5 junio 1999) </div></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-875808315293752637?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-36160813764022950572008-09-06T10:52:00.003+02:002008-09-06T10:56:25.140+02:00De feministas, borbones, fefés y Mar Flores<div align="justify"><span style="color:#ffffff;">. </span><br /><strong>Lunes 18 </strong><br /><span style="color:#ffffff;">. </span><br />En la India se han producido grandes manifestaciones femeninas y feministas contra el certamen para la elección de Miss Mundo, que este año va a celebrarse allí. Uno se alegra de saber que la conciencia feminista ha llegado hasta la India y que ya no es sólo una flor rara del progresismo occidental. La verdad es que, si nos sigue fascinando una señorita en plan fascinar, estas acumulaciones de carne con fines comerciales, selectivos, pornográficos y comunicacionales siempre nos han dado un poco de «alipori» o rubor ajeno, vergüenza por la mujer que se presta a tales entusiasmos zoológicos. A lo más que se parecen estas elecciones es a una feria de vacas o de yeguas, aunque se nos añada la coartada pueril de que también han puntuado, además de los glúteos, las cualidades humanas o intelectuales de la candidata. Lo humano, físico y químico/mental se manifiesta mejor en el individuo que en la adunación. Tanta carne, aunque sea joven y luminosa, acaba ahogando lo que de sutil, inconsútil, íntimo («espiritual» se decía antes), personal y mejor tiene la mujer, cada una de las concursantes por separado.<br /><span style="color:#ffffff;">. </span><br />Claro que más allá de todo este «moralismo» está el derecho de un individuo adulto y pensante, hombre o mujer, a hacer con su cuerpo lo que le dé la gana, incluso prostituirlo y destruirlo (suicidio largo o corto). El derecho a enseñarle la silicona natural y de nacimiento al gentío, a fin de cuentas también es un derecho democrático.<br /><span style="color:#ffffff;">. </span><br /><strong>Martes 19 </strong><br /><span style="color:#ffffff;">.</span><br />Siguiendo con la meditación del lunes, voy a poner un ejemplo concreto. En el programa «El semáforo», de Ibáñez Serrador, hay dos presentadoras contrapuestas. Una tal Mourreau o así, francesa ella, que es excesiva y al mismo tiempo se queda corta en su sexy y sus desnudos. Una Marilyn de clase media. La otra, Asunción Embuena u Ombuena, hace de chica corriente, feúcha, normalita, española y gentilmente desnutrida. Ya le he felicitado personalmente a Chicho por el acierto de enfrentar a estas dos mujeres. La ostentórea, un perrito caliente a base de vaca loca, parece que trae ceguerón al personal masculino. Yo he tenido ocasión de verla desnuda y de cerca en una fiesta, pero me sigue gustando e interesando más la otra, que parece la chica de la portera con todo el encanto que tenían las chicas de las porteras, antes de los porteros automáticos, que ya no fabrican tales chicas. Y encima es una buena actriz cómica, y supongo que dramática. ¿De qué sirven, pues, esos concursos mundiales y comercialones, esas ferias de ganado humano, si, tras el mareo de tetas y culos, acaba uno enamorándose de la chica de la portera? O sea, «lo que tenemos cerca», como dijera Benavente o un benaventino. Tanto como contra la dignidad de la mujer, estos certámenes del cuerpamen industrial van contra el instinto natural del amor, que es diferencia y unicidad, nunca acumulación o desparrame, como la Mourreau (que por otra parte no me repugnaría nada sacar a cenar).<br /><span style="color:#ffffff;">. </span><br /><strong>Miércoles 20 </strong><br /><span style="color:#ffffff;">. </span><br />Del gran libro de Pilar Urbano sobre doña Sofía conocemos unas cuantas entregas de EL MUNDO, donde quien habla es más bien el rey, y lo hace con un marchón popular y casta, con una facilidad directa y honrada de lector de Ramoncín o así: «La reina es muy preocupona». Este «preocupona» suena al mejor cheli y a mí me recuerda la Isabel II de Valle-Inclán, que queda simpática, ligera y gentilmente tiorra pese a la intención esperpéntica de Valle. Humana, demasiado humana, y demasiado madriles. Como su nieto.<br /><span style="color:#ffffff;">. </span><br /><strong>Jueves 21 </strong><br /><span style="color:#ffffff;">. </span><br />El poeta Jaime Siles, joven y amigo, fino y singular lírico de la generación pre/post, en una de sus inteligentes críticas de teatro, Blanco y Negro, me alude: «...un clásico de nuestros días como Francisco Umbral». Esto de «clásico», referido a uno mismo, lo vengo oyendo mucho últimamente, y en principio es como si te destapasen tu busto en mármol de improviso, cuando has bajado a la calle a comprar el pan. Una cosa que gusta y desconcierta. Los escritores solemos quejarnos mucho de las obras completas, las placas y la denominación de «clásico en vida», que nos recuerdan anticipadamente (después no podremos recordar nada) los honores mortuorios. Pero uno, en lejanos ensayos de dandismo, ha cultivado más la insolencia que la hipocresía (ni siquiera me eduqué en los jesuitas, como Fidel Castro). De modo que no rechazo el adjetivo de Siles, pero me pregunto si un clásico puede orinar debajo de las civiles acacias, bajar a por el pan, como era el caso que digo, decirles cosas a las chalequeras en el Metro (aunque ya ni siquiera sé si hay chalequeras). Lo más parecido a un clásico es un académico. Tengo que preguntarles.<br /><span style="color:#ffffff;">. </span><br /><strong>Viernes 22 </strong><br /><span style="color:#ffffff;">. </span><br />Nos informa Víctor de la Serna, siempre tan legible, de que la Prensa diaria española es la única de Europa occidental cuya difusión ha aumentado, y además mucho, cerca de un 20% en el último decenio. Así las cosas, recibimos con duplicada satisfacción la noticia de que la Academia ha decidido meter dos periodistas en su nómina. Anda mucho runrún y controversia en cuanto a los nombres, pero eso da igual. La Prensa nacional está reventona desde la transición y después. Y la Academia, más auspiciadora de lo que creíamos, va a rubricar el fenómeno con su dúplice elección, aunque luego pondremos a parir a los designados. Normal.<br /><span style="color:#ffffff;">. </span><br /><strong>Sábado 23 </strong><br /><span style="color:#ffffff;">.</span><br />José Luis Vilallonga se casa con María Vidaurreta, ex Verstrynge y mucho más joven que el actor secundario de Berlanga. La modelo Mar Flores, asimismo, contrae con el empresario Fernando Fernández Tapia, el famoso Fefé que tanto juego periodístico le da a Aurora Sebastián Pavón. Fefé le lleva 31 años a la modelo, que es una tía exquisita. La unión del maduro (poderoso en algo) y la jovencita es pan candeal de todos los días en España y el mundo. La teoría fácil y seudofreudiana dice que ellas, en estas uniones, buscan «al padre», la protección, la seguridad, eso. Uno, muy al contrario, siente que somos nosotros, los maduros, quienes buscamos calentarnos a la sombra de las muchachas en flor de couché. La madurez es inseguridad, balbuceo, edad crítica. La juventud es existencia, decisión, pura actualidad, impagable presente. Es la joven la que protege al viejo: Moravia, Borges, Alberti, Cela, Welles, Griñón, Rossi, etc. Ya que hemos de tener una viuda, al menos que sea guapa.<br />.</div><div align="right">.<br />Publicado en “El Mundo”, <em>Diario con guantes </em>(24 noviembre 1996)</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-3616081376402295057?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-39304602071057487082008-08-23T06:12:00.005+02:002008-08-23T06:19:12.874+02:00La prosa del siglo<div align="justify"><em>Unamuno y Valle-Inclán, creadores del castellano del siglo XX, tras el enciclopedismo del XVIII y el neoclasicismo tardío del XIX / La prosa lírica de Juan Ramón / Bergamín hace la caricatura de Unamuno; Miró, la de JRJ; Foxá, la de Valle / La prosa como generadora de ideas: Unamuno, Ortega / Laín y Aranguren son ricos de ideas, pero sobrios de prosa / Martín Santos hizo el Ulysses pequeñito y nacional, como se ha hecho en cada idioma / Del Barroco a 1950, nuestros grandes "miserabilistas" no escriben miserablemente / Sólo Solana describe a los pobres desde la "pobredad" / La última generación vuelve a dar, curiosamente, articulistas / Pese a McLuhan, el siglo XX quedará como muy literario.</em></div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span><br />Para estudiar un poco la prosa del siglo, en castellano (con las inevitables escapadas a otras lenguas) hay que empezar distinguiendo entre escritores que escriben y escritores que redactan. Luis G. Seara me lo explicaba muy bien la otra noche: “Mira, Umbral, los ingenieros de caminos, en España, cuando tenían que hacer un camino a través de un monte, seguían <em>el procedimiento del burro</em>, o sea, soltaban un burro local, conocedor del monte, y por donde iba el burro hacían la carretera. No hay duda de que el burro había consagrado siempre el mejor camino. Y no estoy muy seguro de que no se siga utilizando el procedimiento del burro.”</div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span><br />Tampoco uno está muy seguro de que no haya, entre los escritores, algunos que sigan utilizando el procedimiento del burro: es decir, el camino más corto y aburrido para contar una historia. Mas, para ser escritor de verdad, hay que utilizar exactamente el camino contrario del burro. El primer escritor español del siglo que hace prosa, con voluntad de que el lenguaje signifique por sí mismo, y no sea un mero vehículo redaccional, es don Miguel de Unamuno (1). Unamuno, en el ensayo, la novela, la filosofía, pone siempre en funcionamiento la musculatura del lenguaje, frente a la astenia de Azorín y Baroja (y de Machado, a veces, en verso). El primer escritor en castellano consciente de que incluso la filosofía es lenguaje es Unamuno, y no sabemos cuánto le debemos a este viejo. Unamuno en el 98 y Juan Ramón Jiménez en el Modernismo hurden el nuevo castellano del siglo, como también Azorín, sólo que ellos actúan por exuberancia, y Azorín por estreñimiento. Valle-Inclán es un cruce del palabrismo conceptual de Unamuno y el lirismo de Juan Ramón y Rubén. En el 27 todos son poetas, salvo los brillantes intentos de Pedro Salinas en prosa. Unamuno hace la prosa como generadora de ideas. Juan Ramón hace la prosa lírica. Valle, la prosa descriptiva. Ninguno de los tres ha sido superado. Bergamín es una mala caricatura de Unamuno (2). Miró es una mala caricatura de Juan Ramón. Foxá es una mala caricatura de Valle. La prosa del siglo, pues, amanece especulativa, lírica, narrativa. Entendemos por prosa aquella que de la palabra genera una idea: Unamuno, Ortega.</div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span><br />Entendemos por prosa creadora, creativa, aquella que no se limita a redactar las cosas, sino a crearlas / recrearlas con palabras: Valle-Inclán. Entendemos por prosa aquella que contiene en sí todos los elementos de la poesía, pero liberada de la prótesis de la versificación: JRJ. Las metáforas comerciales o geodésicas no son literatura. Después del 98 no hay más que un prosista en España: Ortega. Un discípulo de Ortega, Julián Marías, ha dicho alguna vez que el pensamiento sistemático es contrario a la marcha natural del pensamiento humano. En una palabra, la filosofía clásica es "antinatural" (3). La gloria y ventaja de Ortega es que, incluso tratando temas cerradamente filosóficos, deja vagar su prosa por los meandros naturales del pensamiento. Por eso sigue estando vivo, incluso con su sabor de época. De otra parte, ya nadie cree en un sistema filosófico que pueda cerrar el Universo como una catedral (ni siquiera las catedrales se cierran arquitectónica mente: ahí está la Almudena). De modo que el pensamiento ázaroso de Unamuno u Ortega vienen a re sultar los más últimos y actuales de los pensamientos. En la generación del 36 no hay buenos prosistas. Cela y Delibes, en los 40, después de la guerra, superan con mucho el estilismo malo de Serrano Poncela o el proustianismo aprendido de Rosa Chacel. La prosa del siglo salta de Valle a Cela, en la narración, y de Ortega a nadie, en la filosofía y el ensayo.</div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span><br />Laín y Aranguren son ricos de ideas y cultura, pero sobrios de prosa (que es la materia que se estudía en esta lección, a saber). En cuanto a la prosa creadora, sólo hay dos nombres en la generación de postguerra: Cela y Delibes. Y no hablo -insisto- de merecimientos literarios, sino del entendimiento de la prosa como sustancia primera y última con que se hace un libro. No es tanto una cuestión estética como una cuestión ética. Se lo expliqué una vez a Lázaro Carreter en el Palacio de Liria:</div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span><br />- El escritor, cuando habla de un gitano, tiene que molestarse en hacer la "escultura léxica" de un gitano (Peter Weiss), y no limitarse a aludirle con cuatro tópicos: Galdós, Baroja, Azorín. Es la moral de la obra bien hecha. Los entes y las cosas tienen que emerger de las páginas como esos libros infantiles con ilustraciones erectas.<br /><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">Y Lázaro, al fin, comprendió. Comprendió que el escritor bien, creadoramente, no es una cuestión estilística, estética, sino una cuestión ética, un hacer las cosas hasta el final: lo que los soviéticos debieran exigir a sus escritores, si los soviéticos no fueran tan burros. La inmensa minoría (no hay mayorías) de los escritores se limita a redactar las cosas como en una carta. Pero redactar una cosa es todo lo contrario de hacer una escultura léxica. Por eso he odiado siempre a los redactores de domingo, que, al cabo de toda una carrera, ni siquiera se han enterado de qué cosa sea la literatura. En ,la generación de los "niños de la guerra" -Ferlosio, Aldecoa, Martín Gaite, Matute, Goicoechea, Fernández Santos, etcétera- hay un solo creador en prosa: Ignacio Aldecoa. Martín Santos hizo el Ulysses pequeñito y nacional, como se ha hecho en cada país. Sánchez Ferlosio hizo una novela gramatical y calló para siempre. Ignacio sí sabía qué era la prosa.<br /><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">Tiene uno escrito, a propósito del pintor Solana, que su genio está, no en pintar pobres, sino en pintarlos pobremente, con lo cual está pintando ya la pobredad. Bueno, pues Aldecoa, como sus predecesores inmediatos, Cela y Delibes, no pinta los pobres pobremente, sino con un secreto lujo de estilo que los enjoya. Resulta, irónicamente, que nuestros mayores "obreristas" han sido orfebres. Se es orfebre de oro o del estaño. Benvenutto Cellini no está en la materia trabajada, sino en sus manos. Quizá nos hubiera hecho falta el Solana de la literatura, pero ya lo fue el propio Solana, que escribía mal muy bien. La generacion que hoy anda alrededor de los 60 años ha tenido un escritor, "el escritor": Ignacio Aldecoa. Y no me obliguen a repetir aquello de Nietzsche: "Una generación es el rodeo que da la naturaleza para producir un genio". Los demás lo han probado todo, de Joyce al intímismo, del anglosajonismo (que les hace parecer ingleses traducidos, como JRJ dijera de Cernuda) al realismo y el surrealismo. Nada, no hay escritor. Aldecoa deja varías novelas magistrales y dos tomos de cuentos que están, completos, en Alianza Editorial. Más que realismojo suyo es hiperrealismo. Lo suyo, sí, está más en Antonio López que en Solana, por seguir utilizando la pizarra, tan explicatíva, de la pintura. Pero aquí no hay un dios que venda un cuento si no es Borges y ciego. La generación posterior o "tercera generación de postguerra", como dicen algunos críticos muy ordenados, me incluye generosamente, y ha vuelto a dar, sobre todo, de manera curiosísima, articulistas, columnistas, como la generación de la guerra. Vázquez Montalbán, Cándido, Vicent, Máximo, Rosa Montero, Carandell, Cueto, Verdú, Gala. ¿Somos también una generación de señoritos", como aquéllos? Probablemente; sólo que, ahora, de señoritos "de izquierdas", lo que no hace sino poner peor las cosas. Entre todos lo hemos hecho todo y de todo, pero el público nos conoce mayormente por el articulismo, cosa que nunca han admitido suficientemente los periódicos, y menos aún sus administraciones.<br /><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify">La prosa del siglo, pues, tras el didactismo redaccional del XVIII -Jovellanos- y el romanticismo huero o el neoclasicismo tardío del XIX, tras el gacetillerismo histórico de Galdós, vuelve a cobrar nervio en el 98, y el Modernismo, con Unamuno en el ensayo y Valle en la creación, vuelve a tomar conciencia de que escribir es generar una realidad no real, que está entre la escritura y el lector, y esto se debe en buena medida al surrealismo y las vanguardias. La prosa didáctica del XVIII había arruinado el barroco y, en cuanto al XIX y su Romanticismo, fue más creador en la poesía que en la prosa, de Hugo a Baudelaire. En España ni siquiera existió. La prosa del siglo es otra vez prosa, creación léxica, y el estructuralismo, más que a anunciar esto, viene a corroborarlo, mediada la centuria. Los estructuralistas nos recuerdan que un libro consta sólo de palabras, como un cuadro consta sólo de pinceladas. Lo demás son valores añadidos que, más que sumar, restan. O se tiene el genio de la palabra o se redacta. Tras dos siglos de didactismo y redaccionismo, el nuestro quedará -modernismo, surrealismo, vanguardias- como un siglo muy literario (ironía anti / McLuhan), de Joyce a García Márquez.</div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span><br /><em>1. El juego de la prosa le viene a Unamuno de su "pariente" exístencialista Kierkegaard, y, más entrañadamente, de Gracián.<br />2. Bergamín exhaustiviza el concepto unamuniano de ida y vuelta, hasta hacerlo gratuito.<br />3. Marías es el único discípulo de Ortega que ha mantenido la voluntad de estilo o calidad de página.</em></div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="justify"><span style="color:#ffffff;">.</span></div><div align="right">Publicado en "El País" (13 de enero de 1986)</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-3930460207105748708?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-10908311312724867242008-08-13T08:21:00.008+02:002008-08-14T07:44:22.476+02:00Chaplin, Groucho, Keaton<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_La1atbsbLbo/SKPGL9r8LWI/AAAAAAAABaw/ifbOEtL_StI/s1600-h/Chaplis+Groucho+Keaton+1.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_La1atbsbLbo/SKPGL9r8LWI/AAAAAAAABaw/ifbOEtL_StI/s320/Chaplis+Groucho+Keaton+1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5234245100774370658" border="0" /></a><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_La1atbsbLbo/SKPGC1NgjtI/AAAAAAAABao/BjBe3czvGgY/s1600-h/Chaplis+Groucho+Keaton+2.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_La1atbsbLbo/SKPGC1NgjtI/AAAAAAAABao/BjBe3czvGgY/s320/Chaplis+Groucho+Keaton+2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5234244943880425170" border="0" /></a><br /><a href="http://1.bp.blogspot.com/_La1atbsbLbo/SKJ-MLuEEFI/AAAAAAAABag/4nnm98btJyU/s1600-h/Chaplis+Groucho+Keaton+3.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5233884464727461970" style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center;" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_La1atbsbLbo/SKJ-MLuEEFI/AAAAAAAABag/4nnm98btJyU/s320/Chaplis+Groucho+Keaton+3.jpg" border="0" /></a><br /><div align="center">Piche sobre las imágenes para agrandar y leer</div><div align="center">Publicado en el Num. 18 de la revista <em>"Triunfo"</em> (1 abril 1982)</div><div></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-1090831131272486724?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-28060465.post-40101378327106522842008-08-02T18:11:00.000+02:002008-08-02T18:12:32.072+02:00El puño en alto<div align="justify"><br />A don Enrique Tierno Galván le he visto el otro día levantar el puño blandamente, casi sin cerrarlo, y dijo que el puño en alto ya no es una amenaza, sino un saludo, una manera de diferenciarse del saludo fascista con la mano abierta. A Tierno Galván le va debiendo la política española no sólo la relajación de los ánimos, sino incluso la relajación de los puños.Lola Gaos saluda con el puño muy levantado. Está entre Dolores Ibarruri y su hermano José Gaos, el gran filósofo muerto de soledad en el exilio. Los jóvenes obreros levantan un puño duro como una fruta temprana y las jóvenes estudiantes levantan un puñito rosa como un melocotón en almíbar marxista-leninista. Una periodista escribía una vez en el «Ya» diciendo que había visto a Paco García Salve, puño en alto, cuando salió de la cárcel, y que le había dado miedo. Tampoco es como para ponerse en esa tesitura, madama. Yo he charlado algunas mañanas con García Salve sobre literatura, teatro, política y mujeres, y le puedo prometer a usted, señora (en Serrano decimos prometer, que jurar es más ordinario), que el joven jesuíta, vestido antes de sotana y vestido ahora de chabola, no asusta a nadie. Tiene una bondad de camisa a cuadros y mucho madrugar, que ha hecho que, efectivamente, amanezca más temprano, pero sin sangre.<br /><br />El saludo puño en alto se va haciendo frecuente en el país. Va habiendo como una granazón de puños por la arboleda perdida a la que Alberti no acaba de regresar, quizá por aquello de que Madrid, y no sólo Roma, también es peligro para caminantes, que de noche todos los «missinos» son pardos. Hay ya un limonar de puños en la vida española, pero esperemos que no sean los limones amargos de Durrell, sino los limones redondos del Camborio, y que vayan poniendo de oro el agua mansa de la vida nacional, sin el prendimiento y la muerte de Federico, con que acaba el famoso romance y empieza nada menos que la guerra civil.<br /><br />En esta cosecha de puños, en esta granazón de oro e idea que para algunos va. siendo alarmante, retrospectiva y prematura al mismo tiempo, don Enrique Tierno Galván ha puesto, una Vez más, el bálsamo de su palabra sosegada y casi clerical de izquierdas. Su palabra, que ha dado en el naranjal de los jóvenes puños cerrados como da el sol suave de la media tarde, endulzándolos.<br /><br />- No es una amenaza -ha dicho. Es un saludo.<br /><br />Pensemos ya por nuestra cuenta (hay quienes sólo piensan por cuenta de Tierno o de Balmes, pero siempre por cuenta de alguien) que el darse la mano también empezó siendo un gesto bélico, una comprobación de que el contrario no llevaba armas en ella, y hoy ese gesto se ha quedado en saludo, perdida para siempre la connotación bizarra y guerrera del origen. Pues igual puede pasar con la floración temprana y la fruta impaciente de los puños.<br /><br />Tampoco la mano extendida, la mano en alto, era agresiva en principio, porque al fin y al cabo, los gestos no son nada, pero aquello tenía una genealogía romana, imperial, que implantó un palmar sangriento en el corazón de Europa. Los gestos significan porque la historia los cargó de significado, como pistolas. Y me parece oportuno, por eso, lo que le he oído a Tierno Galván a propósito del puño en alto y, sobre todo, su manera de levantar el puño, un poco floja, un poco cansada. Es el puño que no esconde nada -ni siquiera el dije del rencor milenario-, sino que se cierra con la mínima energía imprescindible del que quiere poner un punto y aparte en la escritura del aire que es la historia.<br /><br />- Ya no damos miedo -ha dicho él mismo.<br /><br />Y acto seguido bajó el puño para dar la mano.<br /><br /></div><div align="right">Publicado en <em>Diario de un snob</em>, “El País” (13 de junio de 1976)<br /> </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28060465-4010137832710652284?l=www.franciscoumbral.com' alt='' /></div>Jorgewichttp://www.blogger.com/profile/04398523246531426676noreply@blogger.com0